
El Hundimiento
Es un Hundimiento con un cuádruple referente: Hitler se hunde físicamente, decepcionado, traicionado, atormentado por la enfermedad y el odio; sus sueños se hunden con la certeza de que el mundo que había planeado no tiene sitio en el futuro; el régimen se hunde dividido, desarbolado, sin esperanza, y Berlín se hunde ante la acometida imparable del ejército ruso. La película retrata el irracional fanatismo ciego del dirigente nazi y sus seguidores, las tensiones internas de un Alto Mando que no se atreve a arrebatarle el poder a un desquiciado y tampoco quiere capitular pues todavía está vivo el amargo recuerdo de la rendición incondicional de la Primera Guerra Mundial, el caos entre las ratas que abandonan el barco y los civiles, muchos de ellos aún niños, que se exterminan unos a otros acusándose mútuamente de traición, la ligereza de una voluble Eva Braun, el espanto de un mundo esquizofrénico en sus últimos estertores, imprescindible secuencia tras implacable secuencia. La locura de la guerra, en suma.
Una lúcida disección con minucioso detalle de la caída del poderío alemán. Un régimen podrido y endogámico en el que no hay compasión por los vencidos y sí un reinado del terror hasta el tenso final. El director se limita a mostrar los hechos ante nuestros hipnotizados ojos sin emitir juicio alguno justo hasta el fotograma final, cuando deja claro que los culpables fueron todos. La responsabilidad de un pueblo que aupó, animó, consintió o no quiso ver. Con eso basta, no necesita más. El Hundimiento compone una película extraordinaria y, por un momento, el retrato del fin del mundo. Un cautivador espectáculo, la fascinación de contemplar el horror de cerca. Clarificadora, reveladora, debería de ser de visionado obligado para tanto iluminado y tanto salvapatrias antes de que estemos condenados a repetirlo todo una y otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario